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viernes, 22 de octubre de 2010

Vecinas del golpe

Desde el 28 de junio, todos los hondureños vivieron a su manera los acontecimientos relacionados con el golpe de Estado, pero hay dos compatriotas que el destino las ubicó en un vecindario en el que de simples espectadoras pasaron a ser protagonistas e incluso testigos de hechos que marcaron la historia del país, pero que además sellaron sus vidas.



Margarita Arias, una liberal de abolengo, de esas que no callan y defienden los postulados de su partido, es vecina de la residencia del ex jefe de Estado de facto, Roberto Micheletti y es una de las hondureñas que no perdonó lo que llama una traición al ex presidente Manuel Zelaya, por lo que desde el 28 de junio se dedicó a instigar a su sucesor, que vive a tres casas de la suya.


La otra, Jannine Padilla, es una atrevida periodista de los medios escritos y televisados que reside a la par de la Embajada de Brasil en la capital del país, en donde le tocó presenciar la llegada sorpresiva de Zelaya al país tras su destierro, un hecho que según cuenta la obligó a salir de su casa y la marcó para siempre.


Ambas, a más de un año de aquellos hechos ampliamente difundidos por los medios nacionales e internacionales, nos cuentan lo que particularmente les tocó vivir, esas historias que por el afán diario y las noticias que generalmente producen los personajes centrales de los acontecimientos políticos, pasan por alto en la vida de los reporteros.

Margarita, la piedra en el zapato de Micheletti


TEGUCIGALPA.- “Ese golpista Roberto Micheletti nos robó la paz de 30 años en la colonia Satélite, pero no me quitó la dignidad porque yo lo denunciaba cada vez que traía a su casa todas las cosas que se robaba de Casa de Gobierno”.


Esa es la sentencia de Margarita Arias, vecina de una de las casas del ex jefe de Estado de facto, Roberto Micheletti, en la capital, quien se convirtió en la piedra en el zapato del también ex presidente del Congreso, quien, según ella, no se atrevió a atentar contra ella y su familia porque no hubiese podido justificar el delito.


Arias, quien es una de las pioneras de la locución femenina y ex activista incansable del Partido Liberal, reside a tres casas de distancia de la vivienda de Micheletti en la colonia Satélite, una residencial de clase media en la capital. Ella considera que con el golpe de Estado hubo traición de un liberal a otro, lo cual no perdona.


Su nombre y su timbre de voz deben sonar mucho en la mente de oyentes y televidentes de algunos espacios radiales y televisivos del país, a los que ella frecuentemente recurre, como lo hizo mientras Micheletti estuvo en el poder, para opinar sobre el acontecer político y denunciar lo que califica como excesos del entonces gobernante.


“Aquí esta colonia siempre fue muy tranquila, nada nos sobresaltaba, hasta que vino el golpe de Estado cuando nos convirtieron un pequeño pedazo de Irak, nos volvieron la vida un infierno”, recuerda remontándose a aquellos días posteriores al 28 de junio del 2009.


El mismo día del golpe llegaron cientos de militares a la colonia y se apoderaron de la colonia, estacionándose en las aceras de los vecinos y patrullando las calles empuñando ametralladoras a tal grado que los vecinos tenían que estar encerrados, dijo mientras conversaba en la sala de su casa de habitación.


“Pero mi esposo (Herberth Barahona) no nos amedrentamos, desde el primer día yo llamaba a Radio Globo diciendo todos los abusos que cometían, yo los corría de mi acera, aquí no quiero golpistas les gritaba y les ponía a todo volumen la canción de Mel Zelaya”, relató.


Arias, cuya casa está ubicada en la misma línea de la residencia de los Micheletti, considera que por la denuncia constante que hizo en todos los medios que se lo permitían es que no se atrevieron a hacerle nada, porque hubiese sido muy evidente.


“Aquí venían y se paraban al frente empuñando las armas, pero yo les dije que tenía los ovarios bien puestos y que iba a morir por mis convicciones”, afirmó refiriéndose a las provocaciones que ella hacía al nutrido cuerpo de seguridad del ex jefe de Estado.

GOLPEARON A SU ESPOSO
La denuncia constante de Arias le costó una golpiza a su esposo. “un día que salió a hacer unas compras a una pulpería de aquí cerca, un policía que ya nos tenía entre ceja y ceja le echó una patrulla a mi esposo y lo golpearon todito, lo dejaron todo morado y se lo llevaron preso”.


Afortunadamente --indica-- tienen unos amigos oficiales que lo dejaron libre, aparte de que, fiel a su costumbre de divulgar cuanto ocurría y cuanto pensaba, ella ya había hecho la denuncia en los medios de comunicación.


“Vivimos un calvario, no dormíamos de tanto pasar de los guaruras en carros y motos con las sirenas a todo volumen a todas las horas de la noche, entonces yo lo que hacía era vigilar para denunciar todo lo que se traían”, relató.


Una noche vio cómo de unos camiones militares estaban bajando los muebles que según ella eran de Casa de Gobierno. “Eran sillas estilo Luis XV y también se trajeron las vajillas, nosotros los descubrimos porque se les calló una vajilla y salimos a ver”, rememoró, remontándose así a los días previos a la salida del poder de Micheletti, allá por el 27 de enero del 2010.


Margarita Arias aseveró que una vez la quisieron amedrentar mandando un capitán retirado, pero ella asegura que no lo lograron.


“Yo creía que era buena gente, pero vino todo prepotente a parquear su carro sobre la acera, pero yo lo corrí le dije que no quería golpistas en mi casa y que si dejaba ese carro ahí le iba a pinchar las llantas y estaba con el teléfono denunciándolo; mire, se tuvo que ir”, relató.


La celosa vigilante de cada uno de los pasos de Micheletti recordó que en esa casa, de sencillo muro y de dos plantas, hicieron muchas reuniones para planificar el golpe de Estado y la mayoría de los asistentes eran nacionalistas.


Ella recuerda, según contó, haber visto pasar por ahí a Oswaldo Ramos Soto, Nora Melgar, Antonio Rivera Callejas y “muchos diputados cachurecos, de los liberales no faltaba Caja Fuerte (Valentín Suárez), Saro Bonano y Alfredo Saavedra”.


Margarita vive ahora más tranquila que antes porque Micheletti y su familia han dejado de frecuentar su residencia y con ello la presencia de escoltas prácticamente se ha reducido, pero quedó en ella la costumbre de denunciar en los medios de comunicación cuanta injusticia detecta y de publicar en las radios y televisoras afines a su pensamiento, todo análisis político que se le ocurra.


Jeanine, marcada por vivir junto a embajada de Brasil

TEGUCIGALPA.- Imposible creer lo que le informaron aquel 21 de septiembre de 2009, pero era cierto, el ex presidente Manuel Zelaya, luego de ingresar de incógnito al país, se alojó en la embajada de Brasil, justo contiguo a su residencia y eso la marcó.


La periodista Jeanine Padilla, de esa forma inició la narración de su experiencia desde el mismo momento en que se convirtió en vecina del ex mandatario, quien luego de sufrir un golpe de Estado, el 28 de junio de ese año, fue expatriado hacia Costa Rica, de donde regresó al país y se mantuvo refugiado en la delegación diplomática durante unos cuatro meses.


Ella reside desde hace unos tres años en la casa 2231 de la capitalina colonia Palmira, de clase media alta, pero a partir del 21 de septiembre de 2009, su vida y la de sus vecinos experimentaron un giro que jamás olvidarán.


“Yo creía que era el hermano del ex gobernante quien estaba en la otra casa, pero la empleada me dijo, no, es Mel Zelaya, trae sombrero y aquí está toda la Resistencia”, sostuvo la comunicadora social.


Aseguró que tras conocerse la noticia los seguidores de Zelaya llegaron a la colonia en forma masiva y en dos o tres ocasiones invadieron su residencia y destruyeron y se robaron algunos artículos, de una forma impune.


Problemas personales
Padilla recordó que esas acciones las denunció en su tiempo ante los medios de comunicación, lo que no fue del agrado de los miembros del ahora denominado Frente Nacional de Resistencia Popular (FRNP) y posteriormente le acarreó serios problemas personales.


La estadía de Zelaya en esa embajada fue calificada por la periodista como “muy estresante para todos los residentes en la colonia Palmira”, pues no gozaban de la libertad acostumbrada para movilizarse.


“A mí ya me tenían marcada como golpista, fui sujeta de amenazas y eso es comprensible, pues vivimos una crisis que jamás habíamos experimentado”, confesó, aunque dice que ahora es el momento de vivir en paz.


La quietud de esa zona residencial fue alterada desde ese mismo momento por la presencia casi permanente del cordón de seguridad desplegado por los militares por un lado, y por el otro de los seguidores del ex gobernante. Estos últimos, integrantes del ahora Frente Nacional de Resistencia Popular (FNPR).


Muchas personas llegaban a esa zona día y noche con el objetivo de solidarizarse con el defenestrado gobernante, con cánticos y vítores que no dejaban dormir a los residentes cercanos, expresó.


El 27 de enero anterior, Zelaya abandonó las instalaciones diplomáticas y el país, lo que llenó de alivio a los habitantes de Palmira.


Todo mundo respiró tranquilo, luego que los militares empezaron a desmontar todo, pero eso fue momentáneo pues pocos días después la Resistencia retornó al lugar.


VOLVIO LA CALMA
“Viva Mel, Viva Mel, fuera golpistas, hasta la victoria siempre”, gritaban los seguidores de Zelaya mientras marchaban día y noche por la “zona cero”, pero esas acciones se fueron diluyendo al paso del tiempo, dijo Padilla.


También la seguridad militar se redujo de forma ostensible y los curiosos nacionales y extranjeros desfilaban a menudo por la calle de enfrente para conocer donde había estado Zelaya.


Jeanine Padilla logró ubicarse durante el gobierno de facto de Roberto Micheletti, como presentadora de un programa de televisión que transmitía el estatal Canal 8, hasta que la separaron en diciembre de 2009.


A partir de ahí, Padilla abandonó en forma momentánea el periodismo por temor a represalias y ahora se dedica a administrar un salón de belleza, ubicado en el bulevar Morazán. Se fue de la capital por unos tres meses.


Cero solidaridad
Confesó que ninguna de esas personas aglutinadas en la Unión Cívica Democrática (UD), quienes respaldaban a Micheletti, se ha preocupado desde ese entonces sobre su situación.


“Jamás me ofrecieron una ayuda cuando quedé sin trabajo. Eso me demostró que uno sirve para ciertas operaciones en algunos momentos, pero cuando el show y la crisis acaban, todo mundo le da la espalda a una y no agradecen”, puntualizó.


Sólo participé en unas tres marchas convocadas por ese grupo, pero he dejado de asistir, luego que percibí algunas situaciones irregulares, agregó.


“Incluso, me contaron que unos empresarios estadounidenses le entregaron a uno de los jóvenes dirigentes de la UCD cerca de 350 mil dólares, pero nadie da razón de ellos”.


El ex gobernante y los de la Resistencia son hondureños y lo que todos debemos buscar es la reconciliación sincera para encontrar los senderos de la paz y por eso no les guardo rencor”, reconoció Padilla.


De una u otra manera, Jeanine- quien habla cuatro idiomas- está convencida que fue víctima y en cierta forma protagonista de los sucesos ocurridos meses después del 28 de junio de 2009. Pero ahora trata de hablar con el lenguaje del corazón a los hondureños y decirles que quizás lo mejor está por venir. Si todos ponen de su parte.


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