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lunes, 28 de junio de 2010

¿Heroísmo? por Billy Peña

Hoy, hace exactamente un año, Honduras se dividió para siempre. Hace un año se le dio un golpe de Estado al presidente constitucional Manuel Zelaya, y se lo expulsó del país. No hubo héroes, no hubo hazañas heroicas, no hubo heroísmo. Se formaron dos bandos, el que estaba—y sigue estando—a favor del golpe de Estado y se formó el Frente Nacional de Resistencia Popular, pero algunos de sus integrantes no son “zelayistas” sino adversarios de la violación del orden constitucional. A la cabeza del gobierno golpista se colocó al señor Roberto Micheletti, quien hasta el 28 de junio del 2009 había sido el presidente del Congreso Nacional de la República y, a falta de un vicepresidente, el señor Micheletti fue juramentado presidente… pero no fue constitucional.

Vamos por partes. A Zelaya lo derrocan por querer reformar la Constitución de Honduras por la vía de un referéndum y se temió que, además de querer perpetuarse en el poder, se inclinaba demasiado a la Revolución Bolivariana del presidente Hugo Chávez, de Venezuela.

Como en Honduras se nos ha enseñado a tenerle pavor al socialismo, el golpe que se le dio a Zelaya Rosales fue inevitable.

Salió del país y llegó a Costa Rica convertido en víctima, sin embargo, de repente apareció en la frontera Honduras-Nicaragua y ofrece un espectáculo ridículo al levantar la cadena que separa al territorio hondureño del nicaragüense, donde se encontraba. Zelaya levanta la cadena, pasa caminando de Nicaragua a Honduras y regresa nuevamente a territorio nicaragüense… un espectáculo circense montado para la prensa internacional. De manera que en poco tiempo, Zelaya Rosales es presidente derrocado, víctima expulsada de su país y cómico personaje en la frontera Nicaragua-Honduras. Sus seguidores están dispuestos a dar la vida por Zelaya Rosales pero él, que no es ni héroe ni estadista, ni siquiera revolucionario disciplinado de ética, convierte en juego la tragedia que, en realidad, fue el golpe de Estado.

Por su lado, el gobernante de facto, Roberto Micheletti, se aferra el poder, desata a la soldadesca contra la población civil, se atropellan los derechos humanos, se violan mujeres, se leñatea a la población civil que condena el golpe de Estado y hay muertos. Se controlan los medios de comunicación, se impone un toque de queda, se pierden millones de dólares y se profundiza la división del pueblo hondureño.

Es natural que existan aquellos que favorecen y apoyan el golpe de Estado para detener el socialismo y para eso Honduras se convierte en una dictadura. Por otro lado, el derrocado presidente brinca de aquí para allá sin hacer nada, sin levantar bandera. Regresa secretamente al país el 21 de septiembre y se refugia en la misión diplomática de Brasil de donde no sale hasta después de la inauguración del presidente Porfirio Lobo, el 27 de enero de este año. La soldadesca del gobierno de facto lanza gases lacrimógenos, hace sonar ruidos ensordecedores y golpea a los seguidores del derrocado presidente. Se ha formado el Frente Nacional de Resistencia… pero tampoco hace nada. Finalmente, Zelaya Rosales abandona el país, por segunda vez, pero lo hace en el avión presidencial dominicano y viaja a la Dominicana. A un año del golpe, no sé dónde se encuentra porque se lo ve en varios países, acompañado de personajes, en banquetes, vestido como oligarca.

Tanto Roberto Micheletti como Zelaya Rosales dejaron a Honduras hecho un desastre político, social y económico. Era de esperarse ya que ninguno de los dos es estadista. Honduras carece de estadistas, de héroes y de revolucionarios disciplinados. Lo que hay aquí son políticos corruptos, no hay hombres de ética. Los estadistas, los ideólogos y los revolucionarios disciplinados no conocen el odio. El odio no es parte de ser revolucionario, ni estadista, ni ideólogo. El odio es un sentimiento que corroe a las almas minúsculas, amargadas y atrofiadas de políticos amorales.

Se nos ha enseñado a odiar a Fidel Castro, líder revolucionario y amo y señor de Cuba desde el 1 de enero de 1959, sin embargo, Castro es un hombre de ética, un revolucionario disciplinado. Los revolucionarios de Castro fácilmente pudieron asesinar al dictador Fulgencio Batista, sin embargo, ¿qué hubieran ganado con matar al dictador? Absolutamente nada. Y cuando combatían en la Sierra Maestra nunca atacaron poblaciones civiles. La matanza de civiles estaba absolutamente prohibida debido a la disciplina revolucionaria, carente de odio. Se luchaba por derrocar al tirano y hacerse del poder en Cuba, nunca se dedicaron a la matanza indiscriminada de civiles. Lo he dicho antes, Castro no es un monstruo amigo de los fusilamientos. Monstruo fue Hitler. El pueblo alemán, desesperado por los estragos de la Primera Guerra Mundial y por la firma del Tratado de Versalles de 1919, que fue insoportable, elige a Hitler canciller de Alemania. Hitler, que fue un ideólogo, degenera al Nacionalsocialismo, convirtiéndose en un dictador racista y criminal. Este día, nosotros los hondureños, no tenemos nada que celebrar. El país se hunde y nada se puede hacer. Podríamos lamentar el hecho de que no tenemos héroes.

Junio 28, 2010.

DIARIO TIEMPO

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