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sábado, 27 de noviembre de 2010

La triste historia de los campesinos del Bajo Aguán por JUAN ANTONIO MARTINEZ H

Es una historia triste, muy triste, esa del campesinado del Bajo Aguán en Trujillo, Colón, que me recuerda los viejos filmes sobre las inhumanas condiciones en que se debatían los labriegos mexicanos , antes de la revolución agrarista de Zapata o, del guión de esa otra laureada película de Dino de Laurentis, “Arroz Amargo” que, fuera de las insinuaciones eróticas de Silvana Mangano, revela la cruda realidad que enfrentan un grupo de jóvenes por subsistir en los arrozales del bajo Po (Italia) administrados sin contrato por mafiosos, a mediados del siglo pasado.

La historia de los campesinos del Bajo Aguán es mucho más triste por cuanto está salpicada de sangre de víctimas inocentes que por defender el derecho a su tierra para una vida digna, se enfrentan en una lucha desigual, contra la voracidad de terratenientes insaciables y la poderosa influencia de gobiernos corruptos que amparan la oligarquía. Es una historia dramática porque su argumento está enredado en situaciones indignas de intereses confabulados, de funcionarios corruptos y de violaciones vergonzosas a la soberanía nacional y al honor de la Patria.
Sino, veamos: ¿Porqué esas tierras por las que hoy luchan los campesinos del Aguán, sirvieron allá por los años ochenta para que expertos norteamericanos entrenaran a tropas salvadoreñas, guatemaltecas y nicaragüenses en flagrante violación a nuestra soberanía y en un intento por contener el avance social de los pueblos centroamericanos?

¿Por qué si el gobierno de Callejas le compró estas más de 5,000 hectáreas al puertorriqueño Temístocles Ramírez para efectos de Reforma Agraria, no apoyó al campesinado con logística técnica y crediticia para fundar empresas campesinas que fueran exitosas, sino que más bien impulsó la Ley de Modernización Agrícola para facilitar que terratenientes como Facussé, Morales y Canales, adquirieran estas tierras como una mercancía devaluada?

Está claro que Miguel Facussé, quien figura en la lista de los que quebraron fraudulentamente a Conadi, aprovechó para adicionar ilegalmente a la “compra” hecha a los campesinos (a precio de gallo muerto) otra cantidad de hectáreas que no lo registran sus escrituras, según lo han manifestado funcionarios del INA. A este millonario terrateniente, quien posee un contingente de guardias armados para proteger sus intereses en el Aguán, se le responsabiliza de los crímenes de campesinos afiliados al MUCA, por el solo hecho de reclamar las tierras que le pertenecen a ellos y a sus familias.

Pero además, los campesinos del Bajo Aguán que bajo las más críticas condiciones de pobreza vienen luchando por recuperar parte de las tierras que antiguamente ocupó el Centro Regional de Entrenamiento Militar (CREM) hoy en manos de Facussé, tienen que enfrentar la represión de un poder confabulado del gobierno con las elites económicas de este país y los militares, que también son los responsables del reciente golpe de Estado que derrocó al presidente Zelaya.

Con la denuncia del presidente Lobo de la existencia en la zona del conflicto de más de mil AK-47 y otro tipo de armas de mayor potencia en bolsones clandestinos y, con el agregado del ministro de Seguridad, Oscar Álvarez, de la posibilidad que campesinos se estuvieran entrenando en campamentos de Nicaragua, según informes de inteligencia militar, pareciera que se estuviera fraguando una operación de gran envergadura para desarticular la resistencia campesina del Aguán o justificar una embestida sangrienta de los militares con el gastado argumento de la existencia de grupos guerrilleros en la zona del conflicto.

Pero, hasta el momento de redactar esta nota, no han aparecido las armas de alto poder ofensivo que denunció el presidente, existían en el Aguán, según se lo filtró “inteligencia militar”. Todo parece indicar que esa misma “inteligencia” que no ha sido capaz de averiguar quiénes mataron a los campesinos del MUCA, ni detectar el avionetazo, sorprendió al mandatario con ese cuento chino que lo hizo caer en la trampa del ridículo.

San Pedro Sula, noviembre del 2010

juan_antonio_martinez_hernandez@hotmail.com

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