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lunes, 18 de octubre de 2010

Comentarios sueltos: Estampas del golpismo por Oscar Amaya Armijo

En la década de los ochenta conocí a un personaje que se desempeñaba como asesor legal de los sindicatos de izquierda. Muchos de ellos, por la magnitud de los casos, lo convirtieron en un potentado. En esa actividad le conocí su doble moral: era asesor sindical de izquierda y también de la empresa privada. Cuando lo descubrimos, nos dijo paladinamente: “los abogados le vendemos el alma a Dios y al Diablo”. Con el transcurrir del tiempo se convirtió en prestigiado líder de la socialdemocracia, defensor de un extranjero para que se convirtiera en presidente, en analista político de la ultraderecha y en diputado del congreso golpista.




Ahora es un furibundo y “orgulloso” defensor de la constitución pétrea, reniega de su vinculación con los sindicatos de izquierda y enemigo jurado de la convocatoria a una constituyente participativa y popular. Su adhesión al golpe de Estado retardatario, perpetrado por la oligarquía, es conocida por los hondureños.


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Hijo de un connotado dirigente del socialcristianismo hondureño, formado entre el agua bendita y los relicarios, todo el mundo pensó que se convertiría, igual que el padre, en un autentico defensor de la mayoría de los hondureños, pero las expectativas se vinieron abajo: una mañana amaneció, por arte de magia, convertido en estratega de las más sucias alianzas con los sectores más espurios de la oligarquía. Más tarde se trasformó en el asesor y negociador de los interés más obscuros del país. Se cree un gran estratega y maniobrador, le apodan el “lince” de la actual política golpista. Para él “los fines justifican los medios”, En premio por sus aportes oligárquicos controla el cobro de la energía eléctrica de Honduras.





Este hombre, en su fuero interior, se cree el Joseph Fouché de la política hondureña; es el más grande representante del oportunismo en la política vernácula de Honduras.





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Fue formado en las mejores escuelas de marxismo leninismo, en los países del llamado socialismo real. A él no le importó haber nacido en el seno de la oligarquía terrateniente burguesa, no le importó su ubicación de clase pues él admitía públicamente que su posición de clase estaba con los desheredados del país; hasta los acompañó en las luchas de recuperación de tierras, incluyendo los feudos de su propio padre. Era una carta bajo la mesa del Partido Comunista de Honduras (PCH).

A este hombre lo cuidaba el partido, hasta su casa, clandestinamente, le hacían llegar el periódico vanguardia Revolucionaria, pues era un ejemplo de entereza en la revolución. En las décadas del 70 y 80, fue solidario con todas las revoluciones del área hasta que peligró su vida en aquellas aventuras de juventud.

No obstante, una tarde gris, apareció militando en unos de los del partido más reaccionario del país, luego se convirtió en candidato a la presidencia; le decían “el hombre del brazo de hierro”, no imitando al estalinismo de los años 20 y 30 del siglo XX en la URSS, sino al más rancio general de cerro, quien en un promontorio de cadáveres formó lo que más tarde se conocería como el cariísmo. Algunos informados sostienen que para llegar hasta allí tuvo que pedir clemencia ante la embajada americana, de aquí sus logros.

Este hombre aupó el golpe de Estado contra Mel Zelaya, se postuló de candidato en unas elecciones ilegítimas y se convirtió en el “presidente” de un país en ruinas.

Ahora de revolucionario cabal paso a convertirse en una triste marioneta de la oligarquía y del imperio.

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Siempre anduvo cargando a cuestas su santidad, inteligente, creativo, gran conductor de jóvenes, versátil, músico, en fin… Cada vez que oficiaba misas se podía percibir un olor a jazmines y un coro de ángeles parecía escucharse cada vez que encaraba con infinita beatitud el momento crucial de la eucaristía. Por sus dones de santidad y por ser uno de los hondureños moralmente intachable, obtuvo reconocimiento internacional. Conocidos fueron sus enfrentamientos con el Fondo Internacional para que este organismo feroz condonara las deudas de los países pobres del planeta. Era un santo, en realidad. Una mañana atosigada de santidad fue ordenado Cardenal, príncipe de la Iglesia Católica. Era el más grande papable, el orgullo de los hondureños, el defensor de los pobres. Más tarde, tras su cardenalato, se le vio aparecer solamente en los bautismos .enlaces matrimoniales, extremaunciones, baby shower, fiestas paganas y luego, como era predecible, se fue alejando de los pobres, de la solidaridad practicada por Jesús.

Cuando la crisis hondureña se agudizó, hubo quienes abrigaban la esperanza de que este hombre volvería por el sendero de los pobres ante las propuestas sociales de Mel Zelaya, pero ocurrió todo lo contrario: cuando se asestó el Golpe de Estado él fue el primero en decirle a Mel “que no regresara por que provocaría un baño de sangre”. Sus palabras fueron proféticas, pues los hondureños ya cuentan en su haber más de 200 muertos, sin que Mel haya regresado. Desde entonces se volcó a favor de los golpistas y ofició misas a favor de los detestables hombres que sumieron a la patria en la ignominia.


Hoy oficia misa resguardado por un pelotón de policías; es el hombre más hosco de la feligresía católica, a tal grado que ya no habla con nadie. Este hombre transformó el púlpito en una plataforma contra el pueblo hondureña.


Atrás, despedazada, quedó la santidad de un hombre; abajo se vino su carisma, a tal grado, que no existe lugar del planeta donde no le cierren las puertas.


(CONTINUARÁ….)

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