La clase dominante (burguesía y terratenientes), el imperialismo (las transnacionales, la CIA, el Pentágono y la ultraderecha yanki) y su red de dominación (los funcionarios públicos y privados de los aparatos ideológicos y represivos del estado burgués) siempre le han apostado a las elecciones amañadas para mantener y fortalecer su poder oligárquico a través de los partidos tradicionales que le han secuestrado ese poder a las grandes mayorías populares.
Las elecciones burguesas son, en la práctica, un verdadero golpe de estado que se ejecuta cada cuatro años, como un reflejo autodestructivo, colectivo e inconsciente, cuando el pueblo va a votar en las urnas por sus propios verdugos, o sea, por los candidatos escogidos o impuestos por la oligarquía y, de esta manera, el pueblo comete suicidio o se hace el hara-kiri a si mismo. Es decir, que la oligarquía es la que elige (o escoge) a quien defiende sus intereses y al pobre pueblo pobre solo le queda ratificar con sus votos esa elección. A esta farsa electorera es a la que la oligarquía llama democracia representativa. Para ello ha creado los partidos políticos tradicionales, grades y pequeños (Partido Liberal, Partido Nacional, Democracia o desgracia Cristiana y el PINU) para engañar y sojuzgar al pueblo hondureño que ciego e ignorante va a las urnas a votar por los presidentes de la República, los diputados, los alcaldes y regidores que durante casi doscientos años consecutivos de despótico poder no han hecho mas que hundir a Honduras en la pobreza extrema, la miseria, la ignorancia, el hambre, la enfermedad y la muerte, hasta convertirlo en el país mas atrasado del continente americano, después de Haití.
¿Pero, como ha podido suceder semejante descalabro histórico-social en un país tan rico en recursos naturales, con una posición geográfica y geopolítica envidiables, con un pueblo laborioso, que es, incluso, líder a nivel regional en varios tipos de exportaciones agropecuarias y forestales?. La respuesta resulta obvia si se parte del hecho de que Honduras es el único en el continente donde no existe un país con una oligarquía sino que una oligarquía con un país.
La oligarquía hondureña, electorera y golpista, atrasada, voraz y desnacionalizada ha logrado, a través de su enorme poder económico, concentrar en forma directa todo el poder político y mediático de la nación. Así, los máximos jerarcas políticos, dentro de los dos grandes partidos tradicionales, son los grandes empresarios del país que, a su vez, son dueños de todos los medios de comunicación e informáticos más importantes. De esta manera, a través del bipartidismo político tradicional queda garantizada su dictadura clasista a perpetuidad. Ahora bien, si tomamos en cuenta que más del 90 % de las grandes empresas hondureñas pertenecen a los turcos (árabes), entonces no es difícil imaginarse a quien pertenece el estado y el país. Este tipo de oligarcas tienen mucha mas influencia y poder en la toma de decisiones que los simples políticos que se han convertido en lacayos y mandaderos en el cumplimiento de los designios de la oligarquía. A estas alturas a nadie, ni dentro ni fuera del país, le cabe la menor duda que el actual golpe de estado no solo fue financiado, sino que promovido, planeado, organizado y sostenido por los empresarios del país. A partir del actual evento golpista ellos han adquirido el “poder de veto”, pues son los únicos que de ahora en adelante deciden y decidirán que puede o no puede hacer un presidente de la República.
Ante la reacción contundente e inesperada contra el golpe fascista por parte del pueblo hondureño, a través de la resistencia nacional, en lo interno y de la comunidad internacional, a través de sus organismos multilaterales tanto regionales como mundiales, en lo externo, la oligarquía hondureña ha decidido llevar adelante, en el mes de noviembre del presente año, unas elecciones espurias que considera una panacea para perpetrar su dictadura de clase, salir impunemente del proceso golpista, engañar al pueblo hondureño y burlar la condena de la comunidad internacional. Para ello dispone de una enorme y bien aceitada maquinaria que cuenta con: el ilegal Tribunal Nacional de Elecciones con todo su aparato a nivel regional y local, el gobierno golpista con todos sus poderes y aparatos represivos e ideológicos (Congreso, Poder Judicial, Poder Ejecutivo, las arcas del estado, Ejercito, Policía, Fiscalia, etc.), la empresa privada con sus poderes económico y mediático, el aparato religioso, las ONGs de la mal llamada sociedad civil, los partidos tradicionales, la CIA, el Pentágono, la ultraderecha yanki, los gusanos cubanos de Miami con sus paramilitares, los paramilitares colombianos, los paramilitares hondureños con las momias reservistas y Bily Joya al frente, etc., etc. etc..
Es decir, que el fraude montado ya gano las elecciones y participar en ellas solo sirve para legitimar el golpe y la impunidad de sus crímenes, convertirse en un tornillito más de esta dantesca maquinaria y defraudar al pueblo hondureño y demás pueblos del mundo.
En virtud de lo anterior, al pueblo hondureño y a su Resistencia solo le queda una única salida del intricado laberinto en que lo han metido y esta es la Asamblea Nacional Constituyente, cuya convocatoria, instalación y posterior desarrollo es un proceso inminentemente político que solo se pude construir con una herramienta estrictamente política, que no es otra mas que una coalición política que aglutine a todas las fuerzas de la Resistencia, porque la Resistencia se ha convertido en la mas grande e importante fuerza social del país y debe dar el salto cualitativo de la movilización a la organización política para cambiar el curso político del país llevando la iniciativa en la toma de las decisiones para este fin. A este respecto, urge la redacción de una nueva constitución, pues la vigente de 1982 fue escrita y aprobada en el contexto de la guerra fría, del predominio de las fuerzas armadas y de la crisis generalizada de Centro América, con terribles lagunas donde no se prevén los procesos de descentralización, se asegura la reelección vitalicia de todos los cargos menos la del Presidente de la Republica, a fin de asegurar la dictadura eterna de la oligarquía bajo la mascara de la seudo democracia representativa, donde, en la práctica, no se reconocen los derechos colectivos, donde no se da margen para el desarrollo de la democracia participativa.
En el nuevo escenario de la lucha política en Honduras, la Resistencia no solamente es una nueva y poderosa fuerza social sino que es, hasta ahora, la antitesis del bipartidismo político tradicional y parece estar designada, por la historia, a acabar con él. Para cumplir con este cometido debe realizar, en el corto plazo, dos tareas fundamentales: 1.- Convertirse en una fuerza de nuevo tipo, absolutamente diferente a los partidos tradicionales, es decir, que debe nacer de las entrañas del pueblo a través de la democracia participativa, ser incluyente de todos los sectores populares, tener una estructura en red de carácter mas horizontal que vertical, tener direccion, conducción y liderazgo colectivos, renovarse constantemente y ser revocable por designio popular, privilegiar el carácter colectivo y por consenso de las decisiones, respetar el disenso, buscar siempre la verdad histórica y basarse en ella para pensar y actuar. 2.- Luchar por la convocatoria e instalación de una Asamblea Nacional Constituyente que redacte la nueva constitución que sirva de base para el desarrollo de la democracia participativa, el rescate de la soberanía popular, la construcción de poder popular, la construcción de justicia y equidad sociales, que propicie el desarrollo progresista, independiente, fraterno y solidario de la sociedad hondureña, que lleve, en fin, adelante la Gran Revolución Hondureña iniciada el 28 de junio de 2009 con su carácter pacifico, progresista, popular, antioligarquico, antiimperialista y latinoamericanista.
NO A LAS ELECCIONES DE LA OLIGARQUIA
SI A LA CONSTITUYENTE
QUE VIVA LA REVOLUCION HONDURENA
TENDENCIA REVOLUCIONARIA
HONDURASRESISTENCIA
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