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lunes, 9 de noviembre de 2009

Gobierno de integración nacional sin Zelaya Rosales está acéfalo

Por: Alfredo Haces

Cómo se puede hablar de un gobierno de reconciliación sin haber realizado la restitución constitucional, que fue violentada el 28 de junio, día en que se registró el golpe de Estado en Honduras.


Para realizar esta vil acción de derrocar al presidente José Manuel Zelaya Rosales, elegido por el pueblo a través del sufragio democrático, fue acción sin demora de tiempo alguno y su malévola planeación fue realizada por un reducido grupo de políticos, empresarios, utilizando la fuerza bruta de los militares.

A 132 días de los “cavernícolas” en el poder de facto han mantenido en la represión y la miseria al pueblo hondureño y las elecciones generales programadas para el 29 de noviembre se han convertido en una incertidumbre para la democracia que exige que para que sea una verdadera fiesta cívica debe estar en el poder un presidente que hace cuatro años fue elegido en ese proceso electoral.

Y jamás en un ambiente fuera del marco de la ley, con un gobierno impuesto por un golpe de Estado que no tiene reconocimiento ni credibilidad nacional ni internacional y que las consecuencias podrían ser penosas y vergonzosas y quizás las más corruptas de la historia de las elecciones en Honduras.

Es injusto e irracional que este grupo de golpistas usurpadores del poder y de la voluntad del pueblo hondureño aún continúen reprimiendo la democracia y la justicia con caprichos antojadizos, características de las vulgares dictaduras sádicas que se satisfacen haciéndole daño a un noble pueblo trabajador que quiere la paz y se burlan de la voluntad internacional.

Han sido horas y horas de “diálogos sordos” como parte de la “táctica dilatoria” por parte del grupo de los golpistas que representan al presidente interino de Roberto Michelleti que no entienden el idioma de la democracia y no han escuchado las peticiones de la diosa Temis, que se encuentra frustrada al ver a una sociedad hondureña dividida por la crisis política desde el 28 de junio.

El mundo entero aún se pregunta qué papel está realizando la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE) y otras en este conflicto político, donde un reducido grupo de violadores de la Constitución hondureña y de los convenios internacionales puedan estar ocasionando tanto daño.

El Acuerdo de San José o Guaymuras ha sido firmado y las reglas están claras en que el primer acuerdo es la restitución del orden constitucional, con la puesta en la presidencia de Zelaya Rosales y que es a través del Congreso Nacional que dictará esta rectificación por ser meramente de orden político.

Pues en ese poder se caldeó el golpe de Estado que mantiene “careta” la imagen de Honduras y de igual manera ahí mismo se debe de dictaminar el error garrafal improvisado del golpe con la restitución constitucional.
Las pautas están claras desde la última reunión de las comisiones “zelayista” y “michelletista” con el subsecretario de Estado de los Estados Unidos de América, Tomas Shannon y de Víctor Rico, representante de la OEA.

Donde se llegó al acuerdo de integrar la Comisión de Verificación de la Verdad, del cumplimiento de estos pactos de honor y de responsabilidad, conformada por el ex presidente chileno Ricardo Lagos, de la OEA; Hilda Solís, representante del gobierno estadounidense; Jorge A. Reina (zelayista) y Arturo Corrales, micheletistta”.

Y el gobierno de integración nacional conformado integralmente, pero es racional y justo que este proceso tiene y debe darse la restitución del presidente constitucional.

Las 12 de la noche del jueves 5 de noviembre debió de estar resuelta esta integración para que vuelva la paz, democracia y credibilidad nacional e internacional. O lamentablemente habrá que esperar más crisis en diversos aspectos, especialmente moral.

Por la situación actual habrá que seguir esperando la restitución del orden constitucional, mientras la Corte Suprema de Justicia le devuelve el dictamen para que el Congreso Nacional de la resolución final. Y si esto no se resuelve democráticamente, los participantes en resolver esta crisis política en Honduras quedarán en la historia como aliados del golpe de Estado y América y el mundo los condenará.

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