Diario Tiempo, debido a su compromiso con la libertad de expresión publica algunos artículos que defienden, contra toda lógica y torciendo todo lo que se deje torcer, al golpe de Estado y a la oligarquía, de una manera que para algunos puede resultar indignante. Para el caso, el día de ayer, 6 de noviembre, apareció un artículo donde se hace un llamado a respetar el Congreso y a los diputados, escrito por un Señor Martínez. Personalmente, me di cuenta de la existencia de este señor, en los meses previos a la ruptura del orden constitucional, cuando me llamó la atención el ardor y el rencor con que atacaba al gobierno de Zelaya Rosales. A primera instancia pensé que era un asunto personal contra Zelaya, y al percatarme de ello, no volví a prestarle atención, a pesar que su discurso denotaba oficio. Después del golpe de Estado, he sido testigo del golpismo enajenado que abrazaron algunos comunicadores que antes se habían ganado el respeto de muchos hondureños en su labor, y por ello el papel del susodicho no me llamó a sorpresa. A veces tengo la curiosidad de leerlo, a veces no. En el artículo titulado: “Hay que respetar al Congreso y a los diputados” el columnista se apresta a defender lo que ya está condenado y no admite defensa, porque aunque hicieran la “hombrada” de anular la confirmación del golpe de estado que realizaron en el hemiciclo legislativo, limpiar su hoja de servicio al país es prácticamente imposible. Por ello tengo que recordarle e este caballero, casi por un deber ciudadano, que dada la naturaleza ―real― de dicho Poder del Estado, y su papel en la vida nacional durante las últimas tres décadas, el solo enunciado de esa frase es un atentado directo contra la integridad humana y la moral del casi 70% de todos los hondureños, que no encuentran una oportunidad legítima para traspasar el muro de la pobreza. No hay manera de respetar la aberración histórica que representa el CNR como Poder del Estado, vilmente ajeno y de espaldas al pueblo que eligió a muchos de sus miembros, e instrumento infame para promover la “privatización” del país, en manos de la élite empresarial que urdió “el golpe”.
En el Congreso que debemos respetar, hay diputados que fueron nombrados “de dedo”, haciendo caso omiso del voto popular. En el Congreso que debemos respetar, se han aprobado las leyes --históricamente-- al tenor y capricho del Presidente del mismo, y con la complicidad de un grupúsculo de diputados alineado con el poder; sin importar si tal ley lleva el nombre y apellido del grupo económico que beneficiará, y sin importar el voto de la mayoría calificada. En el Congreso que debemos respetar, se presentó una renuncia falsa de Zelaya Rosales a la Presidencia de la República, y la mayoría presente, conscientes de la farsa, aceptó la afrenta como válida. En el Congreso que debemos respetar, se nombró una cabeza del ejecutivo espuria, se le juramentó, se rezó por él y se le bendijo por salvar a Honduras del diablo. Si ese es el Congreso que debemos respetar [cuya desnaturalización implicaría una lista ominosa que requeriría de un tomo completo para detallarse], sería más fácil dejar el país vacío, para que la corte del rey --y sus dueños-- gobierne en la paz y democracia que predican.
En el mismo artículo se indica: “El Acuerdo Guaymuras, no podía – excepto que se corriera el riesgo de parecer irrespetuoso – establecerle plazos al Congreso Nacional al momento de actuar como árbitro final en el asunto de la restitución de Zelaya”; y eso es correcto, no hay discusión. Lo que no se dice, y debería resaltarse, es que dada la importancia del asunto para la vida nacional, y emulando la eficiencia del 28 de junio, el CNR debió reunirse ipso facto para tratar lo relacionado al Acuerdo [que se denomina Tegucigalpa-San José, y no Guaymuras]. No es cuestión de irrespeto, es cuestión de urgencia nacional. Pero la directiva del Congreso ha actuado de acuerdo a lo previsto: taimadamente, dilatoriamente, apuñalando de tajo cualquier buena fe que pudiera asomar el rostro.
Posteriormente, se afirma en el artículo, que el problema es que los diputados están concentrados en la tarea de ganar las próximas elecciones, y que “…para ellos es lo más importante, porque de las elecciones depende su futuro político…”; dejando en segundo plano la dilucidación de una parte importante de la crisis histórica que está asfixiando a los hondureños, y de cuya solución dependen directamente las elecciones. No porque yo lo quiera, ni los cien mentecatos, que según el golpismo, andan perdiendo el tiempo y atentando contra la paz y la democracia en las calles. Es así, porque así lo ha anunciado La Resistencia, firmemente, en el Comunicado No. 33, publicado el día de ayer. Y desconocer la enorme convocatoria y el carácter del pujante movimiento nacional que representa el Frente de Resistencia Nacional Contra el Golpe de Estado no es solo un error, es una estupidez.
Luego, el artículo delira pidiendo paciencia, y justificando que el Congreso debe pronunciarse hasta después de las elecciones, si es que se pronuncia, alega el golpista, porque tal pronunciamiento solo puede realizarlo la Corte Suprema de Justicia, no importándole que tal aseveración sea una descalificación artera del Acuerdo ―que no es más que un acuerdo político―, y esgrimiendo razones tan descabelladas que solo el credo del golpismo y las sacerdotisas y sacerdotes del extremismo “balagueriano” pueden apañar. Al final, el artículo que exige respeto para el Congreso Nacional de la República, sostiene que los diputados no son tontos, pues saben lo que es bueno para ellos, y que lo que quieren es ganar sus curules. Idea que, si se examina, resulta tan paradójica como manipuladora.
Pero en lo que si estoy de acuerdo, es en que siempre hay tontos, y siempre hay sectarios, como termina manifestando en su artículo este señor. Pero sobre todo, sectarios, diría yo, por eso el Congreso no ha convocado a los diputados, una semana después de haberse firmado el Acuerdo; y el Acuerdo se ha interpretado con extravagancia y desvarío por los plumíferos y por los comunicadores que de una u otra manera están comprometidos con la secta del golpismo. «Mendaci neque cum vera dicit creditur»
















































0 comentarios:
Publicar un comentario
Agradecemos sus comentarios sobre cada publicacion en el blog