La nueva parálisis en las negociaciones entre el presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya, y el Gobierno 'de facto' de Roberto Micheletti vuelve a situar al país al borde del abismo, por el que la crisis abierta a raíz del golpe militar de hace más de tres meses amenaza con perpetuarse hasta convertirse en una situación crónica. Los sucesivos fracasos en los contactos entre ambas partes evidencian la falta de un hilo conductor en la respuesta de la comunidad internacional lo suficientemente efectivo para empujar cuanto antes hacia una salida del peligroso 'impasse' en que viven la ciudadanía hondureña y sus instituciones. De seguir las cosas así, la fecha del 29 de noviembre para celebrar elecciones en el país puede quedar superada por el estancamiento del proceso negociador. Un proceso que, en cualquiera de los supuestos que se contemplen, debe desembocar en una fórmula de solución pactada que no ahonde la división social y deslegitime la asonada que removió por la fuerza a Zelaya de su cargo.
NORTE CASTILLA
















































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