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sábado, 24 de octubre de 2009

El testimonio valiente de El Progreso, tras el golpe de Estado por Patricia Murillo Gutiérrez

Pueblo heroico es mayoritariamente el de El Progreso, Yoro, cuna de Roberto Micheleti Bain, ahora el cabeza de playa del grupo malinche que tiene secuestrado al país. Porque mientras el repudiado alcalde de ese lugar, Alexander López, algunos empresarios soportes del Golpe más ciertos maestros que desfilaron con las bandas de sus colegios para distraer al pueblo con un carnaval, el mismo que ya despertó de su modorra cotidiana, marchaba, era apaleado y terminó ese sábado 17 de octubre, con una gustosa jornada cultural en la plaza Libertad o parque Las Mercedes.

Ni la lluvia torrencial, ni las balas, ni los golpes de los apátridas policías, ni las amenazas veladas de los siniestros detuvieron a la hermandad contra el golpe que tuvo el apoyo solidario de fraternos de San Pedro Sula, La Lima y Tela. Es un movimiento que por demás se ha encontrado a si mismo y tiene todo el tiempo del mundo, que tanto les falta a los golpistas, para ir construyendo una nueva Patria.

En esta realidad fragmentada que vive la sociedad hondureña y donde se promueve el odio por el odio mismo contra el hermano, aunque se llamen cristianos y pues como bien lo dicen los patriotas Billy Peña y Helen Umaña, con una mano ordenan asesinar y con la otra sostienen el santo rosario, encontramos momentos valiosos en que la inteligencia creadora popular se eleva sobre las sombras de la represión para entrar al umbral que resguarda del terror: el arte.

Los violentos jamás podrán encontrar el auténtico deleite de cantar bajo las estrellas del cielo progreseño de la mano de Nelson Pavón, ese extraordinario cantautor que llegó desde Tegucigalpa para hacer vibrar a los costeños y enseñarles a través de su trova a emanciparse de la basura que les ha alienado por décadas: la Tevé Cucú y la Tevé cacá. También compartió el profesor Freddy Melgar, sampedrano que hace aflorar los sentimientos más nobles con su canto en memoria de Isis Obed Murillo, (Ramón Custodio no fueron balas de goma las que lo asesinaron) el primer mártir de esta locura del Pentágono, de los oligarcas y los militares que tienen de mampara al progreseño más despreciado en su propio pueblo natal.

De ovejas y de lobos, el teatro Tolomac de Choloma puso claros a los espectadores de cómo el mal jamás prevalecerá sobre el bien, aunque tenga sus momentos largos de triunfo opresor. El Satanás encarnado magistralmente invocó a los mitos hondureños de La Siguanaba, El Sisimite, El Zipitillo y el Duende a fin que le ayudaran a dominar a un pueblo indomable ante tanto maltrato del represor. Pero ellos se le rebelaron y le dieron su mano amiga a los ciudadanos.

Un alto porque el dolor es parte de la vida y todos lamentaron la muerte de Jairo Sánchez, presidente del sindicato del Infop, que recibió una bala criminal allá en la colonia San Francisco, en Comayagüela, y casi tras un mes de agonía, falleció ese sábado.
Estos progreseños son un pueblo sorprendente y lleno de retazos nobles que conforman su espíritu luchador por la causa de regresar a la civilidad y al Estado de Derecho. Por ello estamparon sus manos en una manta que se llenó de manos amigas, articulando un grito de rebelión contra los policías que destrozaron las manos de Leo, joven estudiante de Medicina en resistencia, allá en Tegucigalpa.

Manta que le fue enviada marcada de plena solidaridad y deseo porque sus manos nobles vuelvan a ser flexibles, creadoras y más temprano que tarde empuñen el escalpelo y sanen a los enfermos, de repente a un golpista que llegara a su clínica.

Por la tarde desfiló la Resistencia por el centro de la ciudad que recién cumplió sus 117 años de fundación. Tras visitar la casa de Micheletti en la que sólo una triste y encadenada monita los recibió, saludaron a otros golpistas como Juan Ángel Rivera, Juan Ramón Morales y el mismo edil López, con gritos de ¡la Constituyente viene! y ¡fuera usurpadores del poder!

Cuando finalizaban su marcha fueron atacados por la Policía que como es su guion malvado golpeaba a quien se le pusiera por delante, llegando a disparar sus armas para intimidar al estilo del peor oeste norteamericano. Bien lo dicen “Los Poli rateros” de Radio Progreso con sus “Toletazos al Corazón”… “las armas que yo te compré... para que me cuidaras…”.

Esta es la Honduras en la que estamos, hermanos lectores. Allí nos han llevado los prehistóricos enlazados con los grupos extremistas que impiden que los países latinoamericanos avancen a estadios más igualitarios y socialmente más justos. Sin embargo, la historia no se detendrá y de las más profundas oscuridades seguro emergerá un renovado pueblo hondureño.

Regresando a la tarde noche de cultura, Teofilito Trejo estrenó nuevas “perras” que hicieron gozar con su creatividad desbocada. El joven reguetonero Elmer Hércules, confesó con su canto, que su realidad cambió desde el 28 de junio, y el mariachi Los Flores, deleitó porque la familia, desde el abuelo de 70 y más, hasta el nietecito de tres, interpretan canciones como El Golpe y Enterraremos ese Buey en la Barranca.

Sogey Barahona cantó “Sólo le Pido a Dios”, en recuerdo a la heroína de la trova latinoamericana, la inmortal Mercedes Sosa, y Tomás Escobar con su guitarra hizo ver nuevos horizontes para nuestro pueblo.

A pesar de la crisis, lléguese a comer una rica baleada, con una horchata o un delicioso coco a la Plaza La Libertad de El Progreso, para entender mejor el espíritu de este pueblo que su mayoría ha dicho y siempre dirá NO a la opresión a través de la cultura y el civismo.

TIEMPO

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